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La ONU seguirá las crisis en tiempo real

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 18:59

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Las Naciones Unidas ponen en marcha un sistema de seguimiento de las situaciones de crisis en tiempo real. La agencia Global Pulse, encargada de esta tarea, utilizará dispositivos móviles y tratará de coordinar la información disponible con los distintos gobiernos y organizaciones.

Global Pulse, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a realizar el seguimiento del “impacto de crisis graves en poblaciones vulnerables” está empezando a trabajar con datos en tiempo real y desarrollo en código abierto para asumir nuevos retos.

En una reciente reunión de la Asamblea de las Naciones Unidas, el director de Global Pulse, Robert Kirkpatrick, dio un repaso a las modificaciones que su agencia está llevando a cabo, desde la recogida de información y el trabajo en tiempo real.

Respondiendo en tiempo real.

Cuando se vayan a producir crisis que incluyen desde desastres naturales hasta hambrunas existen indicadores que lo muestran. Sincronizando estos factores con la información disponible sería posible lanzar campañas de ayuda de forma más rápida y más efectiva. Se trata de obtener datos de manera inmediata y mandarlos a a las personas adecuadas para paliar la dureza de las crisis.

Además de esto, el hecho de tener datos en tiempo real puede ayudar a medir los efectos del trabajo que se realiza en una situación de este tipo. El problema viene con la recogida de información por parte de gobiernos y otras organizaciones, quienes no siempre pueden estar dispuestos a compartirla con la ONU. A esto se le suma la dificultad en clasificar y ordenar todo el bagaje acumulado.

Las principales armas que utilizará Global Pulse consistirán en una corriente de alta frecuencia de datos en tiempo real, el uso de dispositivos móviles para informar sobre las situaciones y un análisis de la respuesta gubernamental.

Código abierto para la gestión de crisis.

Kirkpatrick asegura que otra emocionante dirección para la agencia en particular, pero para la ONU y, sobre todo, para la gestión de crisis en general, es el código abierto.

“En la década pasada, fuimos testigos del surgimiento del software de código abierto (…) A comienzos de este año, y como respuesta al trágico terremoto en Haití, miles de expertos en tecnología unieron sus fuerzas en Internet y trabajaron noche y día para crear herramientas tecnológicas que las agencias de la ONU fueran capaces de utilizar para coordinar las intervenciones de emergencia (…) Hoy, creemos que tenemos una oportunidad para aprovechar esta fuerza colectiva, a favor de la innovación, para ofrecer a esta comunidad -en la que muchos de sus miembros forman parte del Global South- el rol para ayudarnos a desarrollar las herramientas que harán funcionar a Global Pulse”.

Para hacerlo, Global Pulse ha establecido una competencia de trabajo en Nueva York que se llevará a cabo entre los días 1 y 3 de diciembre. Los participantes competirán para crear los elementos necesarios para desarrollar la plataforma de tecnología de respuesta de crisis de Global Pulse.

Laboratorio de Pulse Kampala.

Finalmente, la ONU esta patrocinando una serie de “Laboratorios Pulse” en los países miembro. Estos laboratorios serán centros de innovación que motivarán la creatividad de los ciudadanos de esos países para que creen herramientas y procesos propios, para lograr un mejor monitoreo y una mejor comunicación de la información y las necesidades durante los tiempos de crisis. Cuando sea posible, los laboratorios se encargarán de las necesidades generales para el desarrollo de herramientas. Pulse tendrá la capacidad de utilizar estos laboratorios para construir herramientas más generosa y global.

El Laboratorio de Pulse Kampala, por la invitación del Gobierno de Uganda, será el primero de su tipo.

Escudo Solar: Protegiendo la red eléctrica de América del Norte

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 18:56

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Cada 100 años más o menos, llega a la Tierra una tormenta solar tan potente que cubre el cielo con auroras teñidas de color rojo intenso, hace que las brújulas apunten en la dirección equivocada y produce corrientes eléctricas que atraviesan la capa superficial de nuestro planeta. La más famosa de dichas tormentas, llamada el Evento Carrington de 1859, en efecto electrocutó a operadores de telégrafo y causó que algunas oficinas se incendiaran. Un informe del año 2008, emitido por la Academia Nacional de Ciencias, advierte que si dicha tormenta ocurriera hoy en día podríamos experimentar apagones sobre grandes áreas, con diversos daños para los transformadores ubicados en puntos clave. ¿Qué es lo que tiene que hacer un operador de servicio público?

Un nuevo proyecto de la NASA, denominado “Escudo Solar”, podría ayudar a mantener las luces encendidas.

“Escudo Solar es un nuevo sistema de pronóstico en fase experimental para la red de energía eléctrica de América del Norte”, explica el líder del proyecto Antti Pulkkinen, quien es un investigador asociado en la Universidad Católica de América y se encuentra trabajando en el Centro Goddard para Vuelos Espaciales, de la NASA. “Creemos que podemos localizar transformadores específicos y predecir cuáles de ellos van a ser golpeados con mayor rigor por un evento ocasionado por el estado del tiempo en el espacio”.

La principal causa de problemas en las redes eléctricas es la “CGI” —abreviatura de “corriente geomagnética inducida” o “GIC”, por su sigla en idioma inglés. Cuando una eyección de masa coronal (una nube de tormenta solar de mil millones de toneladas) se topa con el campo magnético de la Tierra, el impacto provoca que dicho campo se sacuda y se estremezca. Estas vibraciones magnéticas inducen corrientes prácticamente en todas partes, desde la alta atmósfera terrestre hasta el suelo que yace debajo de nuestros pies. Las poderosas CGI pueden sobrecargar los circuitos, pueden dejar fuera de funcionamiento a los fusibles y, en los casos extremos, pueden derretir las bobinas de los transformadores de uso industrial.

Esto ocurrió en realidad en Quebec, el 13 de marzo de 1989, cuando una tormenta geomagnética, mucho menos severa que el Evento Carrington, dejó completamente sin electricidad a la provincia entera durante más de nueve horas. La tormenta dañó transformadores en Quebec, en Nueva Jersey y en Gran Bretaña, y causó más de 200 desperfectos eléctricos a lo ancho de Estados Unidos, desde la costa este hasta la costa noroeste del Pacífico. Una serie similar de “tormentas de Halloween“, las cuales tuvieron lugar en octubre de 2003, causó un apagón regional en el sur de Suecia y quizás pudo haber dañado algunos transformadores en Sudáfrica.

Mientras que varias empresas de servicio público han avanzado para fortalecer sus redes eléctricas, en general, la situación sólo se ha agravado. Un informe del año 2009, presentado por la Corporación de la Confiabilidad Eléctrica de América del Norte (North American Electric Reliability Corporation o NERC, por su sigla en idioma inglés) y por el Departamento de Energía de Estados Unidos, arribó a la conclusión de que los sistemas de energía modernos tienen una “creciente vulnerabilidad y exposición a los efectos de una tormenta geomagnética severa“. La razón de fondo se puede entender rápidamente observando el siguiente diagrama:

Desde el comienzo de la Era Espacial, la longitud total de las líneas eléctricas de alta tensión que atraviesan América del Norte se ha incrementado casi 10 veces. Esto ha convertido a las redes eléctricas en antenas gigantes para las corrientes inducidas geomagnéticamente. Con una demanda de energía que crece mucho más rápido que las redes mismas, las redes modernas proliferan de manera interconectada, y son llevadas al límite —lo cual resulta una receta ideal para tener problemas, de acuerdo con lo que expresa la Academia Nacional de Ciencias: “La escala y la velocidad de los problemas que podrían ocurrir [en estas redes modernas] tienen el potencial de impactar en los sistemas de energía de una manera que no se ha visto con anterioridad”.

Un apagón de gran escala podría prolongarse por un largo período, principalmente debido a los daños en los transformadores. Tal y como lo apunta el informe proporcionado por la Academia Nacional: “Estos aparatos de varias toneladas de peso no se pueden reparar in situ y, si se llegaran a dañar de esta forma, tendrían que ser reemplazados por unidades nuevas que podrían demorarse en llegar hasta 12 meses o más”.

Esa es la razón por la que un pronóstico nodo por nodo de las corrientes geomagnéticas resulta potencialmente valioso. Durante las tormentas intensas, los ingenieros podrían proteger los transformadores más vulnerables desconectándolos de la red. Eso sólo provocaría un apagón, pero que sería únicamente temporal. Los transformadores que se protejan de esta forma volverían a funcionar normalmente una vez que la tormenta llegue a su fin.

Lo novedoso del Escudo Solar es su capacidad para generar predicciones vinculadas con los transformadores individuales. Pulkkinen explica cómo funciona:

“El Escudo Solar se activa cuando una eyección de masa coronal (EMC) es arrojada desde el Sol. Las imágenes proporcionadas por el satélite SOHO y por las sondas gemelas STEREO, de la NASA, nos muestran la nube de plasma desde tres puntos de vista, permitiéndonos así crear un modelo en 3 dimensiones de la EMC y predecir cuándo llegará a la Tierra”.

Mientras la EMC cruza el espacio entre la Tierra y el Sol, un recorrido que dura típicamente entre 24 y 48 horas, el equipo del Escudo Solar se prepara para calcular las corrientes de retorno por tierra. “Trabajamos en el Centro de Creación de Modelos Coordinado por la Comunidad de Goddard (Goddard’s Community Coordinated Modeling Center o CCMC, por su sigla en idioma inglés)”, dice Pulkkinen. El CCMC es un lugar donde destacados investigadores de todo el mundo han reunido sus mejores programas de computadora, basados en la física, con el fin de crear modelos de los eventos que tienen lugar en relación con el estado del tiempo en el espacio. El momento crucial tiene lugar aproximadamente 30 minutos antes del impacto, cuando la nube de plasma pasa sobre ACE, un satélite localizado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Los sensores ubicados a bordo de ACE realizan mediciones in situ de la velocidad de la EMC, así como de su densidad y de su campo magnético. Estos datos son enviados a la Tierra, al equipo del Escudo Solar que los está esperando.

“Nosotros introducimos estos datos en las computadoras del CCMC rápidamente”, relata Pulkkinen. “Nuestros modelos predicen los campos y las corrientes en la atmósfera superior y extienden estas corrientes hasta la superficie de la Tierra”. Con menos de 30 minutos de anticipación, el Escudo Solar puede emitir una alerta a las empresas de servicio público con información detallada sobre las CGI.

Pulkkinen hace hincapié en que el Escudo Solar se encuentra en fase experimental y en que nunca ha sido puesto a prueba durante una tormenta geomagnética severa. Un pequeño grupo de empresas de servicio público han instalado monitores de corriente en puntos clave de la red de energía con el propósito de ayudar al equipo a revisar sus predicciones. Sin embargo, hasta el momento, el Sol se ha mantenido tranquilo, en general. Sólo se observaron algunas tormentas relativamente débiles durante el año pasado. El equipo necesita más datos.

“Nos gustaría que más compañías de electricidad se unieran a nuestro esfuerzo de investigación”, añade. “Cuanto más datos podamos acumular, más rápido podremos poner a prueba y mejorar el Escudo Solar”. Las compañías de electricidad trabajan con el equipo a través del Instituto de Investigaciones sobre Energía Eléctrica (Electric Power Research Institute o EPRI, por su sigla en idioma inglés). Claro que algunas tormentas también ayudarían a poner a prueba el sistema. Y están aproximándose. Se espera que el siguiente máximo solar se produzca alrededor del año 2013, de modo que es sólo cuestión de tiempo.

Tormenta geomagnética prevista por CME entre el 3 y el 5 de agosto

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 11:03

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El pasado domingo, 1 de agosto, a las 0855 UT (Tiempo Universal), el Solar Dynamics Observatory (Observatorio de Dinámica Solar, SDO), de la NASA, detectó una gran erupción solar de clase C3 (que no es de las más violentas), pero que causó una eyección de masa coronal (CME) que se dirige directamente hacia la Tierra. La masa de partículas ionizadas eyectadas por el Sol llegará a nuestro planeta mañana, miércoles, a primeras horas de la mañana. Se espera que cause toda una oleada de espectaculares auroras en las zonas polares.

El origen de la explosión fueron varias manchas solares localizadas en la región 1092 del Sol (a la izquierda de la imagen). Casi al mismo tiempo, y a una distancia de 400.000 km, estalló un enorme filamento magnético en el hemisferio norte de nuestra estrella. Los astrónomos creen que ambos fenómenos están íntimamente conectados y responden a un complejo mecanismo que poco a poco revela sus secretos a los investigadores.

“Esta erupción -afirma Leon Golub, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, se dirige directamente hacia nosotros y se espera que nos alcance durante las primeras horas del día del 4 de agosto. Es la mayor erupción con dirección a la Tierra detectada en mucho tiempo”.

Todo el fenómeno fue captado por las cámaras del SDO, una sonda científica lanzada el pasado mes de febrero y cuyos instrumentos están proporcionando las mejores imágenes de alta resolución jamás obtenidas del Sol. “Hemos conseguido una bonita vista de esta erupción -afirma Golub- Y habrá vistas aún más espectaculares si se producen auroras”.

Cuando una eyección de masa coronal alcanza la Tierra, interactúa fuertemente con el campo magnético de nuestro planeta, llegando a crear auténticas tormentas geomagnéticas. Las partículas procedentes del Sol se alinean con las líneas magnéticas que convergen en ambos polos.

Esas partículas colisionan con átomos de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera terrestre y brillan individualmente como si fueran pequeñas luces de neon. Todas ellas juntas crean las auroras polares, uno de los espectáculos visuales más sobrecogedores y bellos que es capaz de ofrecer la naturaleza.

Cuando las erupciones son más fuertes, las eyecciones de masa coronal pueden provocar fallos en las redes de telecomunicaciones y GPS, llegando a inutilizar satélites y redes eléctricas completas.

Normalmente, las auroras sólo son visibles en las latitudes más altas. Sin embargo, durante una tormenta geomagnética como la que probablemente se producirá el miércoles, las auroras pueden ser visibles mucho más al sur de las zonas polares.

Los aficionados a escrutar el cielo que vivan en el hemisferio norte harían muy bien en permanecer atentos durante la esta madrugada, ya que podrían verse enormes cortinas luminosas de color rojo y verde.

El fenómeno revela, además, que la inactividad del Sol, que ha durado casi dos años, ha terminado, dando lugar a un nuevo ciclo. El último máximo solar se produjo en 2001 y su mínimo, del que ahora parece estar saliendo, ha sido inusualmente largo. Se espera que el nuevo pico de actividad solar se produzca entre los años 2012 y 2014.

Predicciones de NOAA/USAF

Extracto del informe conjunto SWPC-USAF - Space Weather Prediction Center (SWPC/NOAA) / U.S. Air Force, actualizado el 02/08/2010 a las 22:01 UTC

IIB. Predicción de actividad geofísica: se prevé que la actividad del campo geomagnético alcance el nivel “intranquilo” o “activo” el 3 de agosto, debido a la llegada de la primera de las dos eyecciones de masa coronal (CME) observadas el 1 de agosto (esta CME se ha asociado a la erupción solar C3/Sf de larga duración registrada el 01/0826Z). Se espera que la actividad alcance niveles de “tormenta menor” con algunas probabilidades de “tormenta mayor” los días 4 y 5 de agosto, debido a la llegada de la segunda CME, más lenta, observada el 1 de agosto y asociada a la desaparición de un filamento de gran tamaño.

Predicciones de IPS

IPS mantiene activa la alerta GEOSTAT, aunque todavía no ha activado la alerta geomagnética

Misión THEMIS: Detección de subtormentas solares

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 18:43

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Un temblor espacial es una violenta sacudida que se produce en el campo magnético terrestre. Sus efectos se sienten con más fuerza en órbita, pero también sobre la superficie de nuestro planeta. Cuando se producen, los terremotos espaciales sacuden los campos magnéticos que rodean la Tierra de la misma forma en que un terremoto sacude el suelo que pisamos. Sus efectos pueden ser medidos desde el suelo, y llegar a colapsar redes eléctricas y de telecomunicaciones.

“Reverberaciones magnéticas ya han sido detectadas en muchas ocasiones por estaciones con base en tierra alrededor de todo el globo terráqueo, de la misma forma en que los detectores sísmicos miden la intensidad de los terremotos”, explica Vassilis Angelopoulos, investigador principal de la constelación de satélites Themis, que desde febrero de 2007 estudia la magnetosfera terrestre.

La analogía, según Eugeny Panov, del Instituto de Investigación Espacial de Austria y autor principal de un estudio recién publicado en Geophysical Research Letters, es muy adecuada, ya que “la energía total de un temblor espacial es comparable a la de un terremoto de magnitud 5 ó 6″. Ya en el año 2007, la red Themis (que consta de cinco satélites) descubrió la existencia de fenómenos que hoy se consideran como precursores de un temblor espacial.

La acción empieza en la cola del campo magnético de la Tierra (ver vídeo), que se estira como una manga de viento bajo la acción de los continuos vientos solares. En ocasiones, la cola se estira tanto que rebota violentamente, tal y como lo haría una goma que estiráramos y después soltáramos de repente. Cuando eso sucede, el plasma solar atrapado en la cola es lanzado hacia la Tierra. Y en más de una ocasión los cinco satélites Themis estaban “en la línea de fuego” justo en el momento de producirse estos súbitos bombardeos de plasma.

De forma incuestionable, los chorros de plasma se dirigen directamente hacia la Tierra pero ¿qué es lo que ocurre exactamente a partir de ese momento? “Ahora lo sabemos” afirma David Sibeck, investigador del proyecto Themis en el centro espacial Goddard, de la NASA. “Los chorros de plasma provocan temblores espaciales”.

Según los datos recogidos por los cinco satélites, los chorros de plasma provocados por estos violentos “latigazos” se estrellan contra el campo magnético terrestre a unos 30.000 km de altura sobre el Ecuador. El impacto genera una serie de “rebotes”, durante los cuales el plasma salta arriba y abajo en el interior del oscilante campo magnético. Se trata de algo parecido a lo que hace una pelota de tenis botando en el suelo. El primer rebote es el mayor, seguido de botes cada vez menores hasta que toda la energía se disipa.

“Sospechábamos desde hace mucho que sucedía algo parecido -afirma Sibeck-. Pero observando todo el proceso in situ, Themis ha descubierto algo totalmente nuevo y sorprendente”.

Ese “algo” son los “vórtices de plasma“, enormes remolinos de gas magnetizado, tan grandes como la propia Tierra y girando al borde mismo del “tembloroso” campo magnético. “Cuando los chorros de plasma golpean la magnetosfera desde el interior -explica Rumi Nakamura, uno de los coautores del estudio- se generan vórtices que giran en el sentido contrario, apareciendo y desapareciendo al otro lado del chorro de plasma. Y creemos que estos vórtices pueden generar importantes corrientes eléctricas en el entorno cercano de la Tierra“.

Así, actuando juntos, los vórtices y los temblores espaciales consiguen producir efectos medibles en nuestro planeta. Las colas de los vórtices pueden hacer de “túneles” que inyectan partículas de plasma en la atmósfera, dando lugar a auroras polares y generando ondas de ionización que interfieren las comunicaciones por radio y los sistemas GPS.

Tirando de la superficie de los campos magnéticos, los temblores espaciales generan, por su parte, corrientes eléctricas que llegan hasta el mismísimo suelo sobre el que caminamos. Estas corrientes pueden tener graves consecuencias, llegando en casos extremos a afectar a las redes eléctricas de amplias zonas del planeta. El vídeo sobre estas líneas es una simulación informática (realizada por Joachim Birn, del Laboratorio Nacional de Los Alamos, en Nuevo México) a partir de las mediciones de los satélites Themis.

El trabajo, sin embargo, dista mucho de estar terminado. “¿Cómo de fuerte puede ser un temblor espacial? -se pregunta Sibeck- ¿Cuántos vórtices pueden estar girando a la vez alrededor de la Tierra y cómo interactúan entre ellos?”. Para conocer las respuestas, habrá que estar muy pendientes de los próximos datos que aporte Themis.

La lluvia de meteoritos Dracónidas 2011 y los sistemas satelitales

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 18:55

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La NASA está analizando los posibles riesgos para los satélites artificiales derivados de la lluvia de meteoritos conocida con el nombre de Dracónidas, que se espera que sea de especial intensidad en octubre de 2011.

El riesgo no se produce tanto por la probabilidad de daños físicos por impactos directos como por el intenso campo eléctrico generado por los meteoros, que puede provocar anomalías en la electrónica a bordo de los satélites. En este caso, los sistemas de telecomunicación terrestres seguirían funcionando sin problemas (fibras ópticas, radio, etc), aunque es necesario prever las posibles consecuencias de la degradación de los sistemas basados en satélite.

A continuación transcribo parte del artículo “The 2011 Draconid shower risk to Earth-orbiting satellites“, escrito por William J. Cooke (Meteoroid Environment Office, Marshall Space Flight Center, Huntsville, AL) y Danielle E. Moser (Stanley, Inc., Huntsville, AL), en el que se analiza este riesgo a partir de modelos estadísticos. Se prevé que la NASA emita informes más precisos a principios del año 2011.

El riesgo de la lluvia Dracónidas 2011 para los satélites artificiales.

Los modelos actuales de predicción de lluvias de meteoritos pronostican una fuerte intensidad para las Dracónidas, posiblemente con nivel de tormenta, para el 8 de Octubre de 2011, con una duración de aproximadamente 7 horas y picos entre las 19 y las 21 horas UTC. Las predicciones se expanden un orden de magnitud, con tasas horarias cenitales (ZHR) máximas desde unas pocas decenas hasta varias centenas.

La calibración del Modelo de Flujo de Meteoritos (MSFC) de la NASA, a partir de observaciones ópticas y de radar de eventos pasados, particularmente de la lluvia de Dracónidas de 2005, sugiere que la tasa máxima será de varios cientos a la hora. Considerando la elevada densidad espacial del flujo de las Dracónidas, esto implica un flujo máximo de 5-10 Dracónidas por kilómetro cuadrado y hora (para un diámetro limitado a 1 mm), es decir, entre 25 y 50 veces mayor que el flujo normal esporádico de 0,2 meteoros por kilómetro cuadrado y hora para partículas de este tamaño.

Asumiendo una tasa ZHR de 750, esto supondría 15,5 Dracónidas por kilómetro cuadrado, lo que implica multiplicar por 10 el riesgo para las superficies de las astronaves vulnerables a impactos de hipervelocidad por partículas de 1 mm.

Actualmente es conocido el hecho de que una fracción significativa de las anomalías producidas por las lluvias de meteoritos en las astronaves (p.ej. OLYMPUS y LandSat 5), es causada por las descargas electrostáticas generadas por los impactos de los meteoritos. En estos casos, la carga generada es más o menos proporcional a v^3,5, considerando el movimiento de las Dracónidas a 20 km/s, es decir, con un potencial para causar daños eléctricos 80 veces inferior al de una lluvia de Leónidas de la misma masa. En otras palabras, una lluvia de Dracónidas con una tasa ZHR máxima de 800 presenta el mismo riesgo eléctrico que una lluvia de Leónidas con una tasa ZHR de 15, asumiendo que los índices de masa y la duración de las lluvias son idénticos. Esta conclusión se basa en el hecho de que no se registraron anomalías eléctricas en astronaves durante las intensas lluvias de Dracónidas de 1985 y 1998.

Sin embargo, la ausencia de anomalías en el pasado no ha de tomarse como una carta blanca para los operadores de los sistemas vía satélite en lo referente a ignorar las Dracónidas del 2011, ya que dicha lluvia sigue suponiendo un incremento en el riesgo para las astronaves ubicadas en el espacio cercano. Cada astronave es única y sus componentes tienen distintos umbrales de tolerancia a los daños, por lo que se sugiere a dichos programas que realicen análisis para determinar si se precisan o no estrategias de mitigación para sus astronaves.

La NASA prueba con éxito un sistema para predecir tsunamis mediante GPS diferencial

Posted by barbagris | Posted in | Posted on 17:28

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Un equipo de investigación liderado por la NASA ha demostrado con éxito por primera vez los fundamentos de un sistema prototipo de predicción de tsunamis, que clasifica de forma rápida y precisa los grandes terremotos y estima el tamaño de los tsunamis resultantes.

Tras el terremoto de M8.8 ocurrido en Chile el pasado 27/02/2010, un equipo dirigido por Y. Tony Song, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en California, utilizó datos en tiempo real de la red de GPS diferencial (GDGPS) de la Agencia para predecir con éxito el tamaño del tsunami resultante. La red, gestionada por el JPL, combina datos en tiempo real de cientos de estaciones globales y regionales y estima sus posiciones cada segundo. Puede detectar movimientos del terreno del orden de pocos centímetros.

“Estas pruebas satisfactorias demuestran que los sistemas costeros de GPS pueden ser utilizados de forma efectiva para predecir el tamaño de los tsunamis”, declaró Song. “Esto puede facilitar a las agencias responsables la emisión de mejores alertas que pueden salvar vidas y reducir las falsas alarmas que pueden perturbar innecesariamente la vida de los residentes en zonas costeras”.

El equipo de Song concluyó que el terremoto de Chile, el quinto más grande registrado por instrumentos, generaría un tsunami local o moderado que no causaría demasiada destrucción en el Pacífico. Los efectos del tsunami fueron relativamente pequeños fuera de Chile.

Las predicciones de Song basadas en GPS se confirmaron posteriormente utilizando instrumentos de medición de la altura del mar a bordo de los satélites altimétricos conjuntos NASA/Agencia Espacial Francesa, denominados Jason-1 y Jason-2. Este trabajo contó con la contribución de investigadores de la Ohio State University (Columbus).

“Se ha demostrado el valor de las observaciones coordinadas en tiempo real entre los sistemas GPS de precisión, la altimetría vía satélite y los modelos avanzados de la Tierra”, declaró John LaBrecque, gestor del programa de Tierra Sólida y Riesgos Naturales de la División de Ciencias de la Tierra, perteneciente a la Dirección de Misión de Ciencias de la NASA, en Washington.

El método de predicción de Song, publicado en 2007, estima la energía que un terremoto submarino transfiere al océano para generar un tsunami. Se basa en datos de estaciones costeras de GPS cercanas al epicentro, junto a información sobre el talud continental. El talud continental es el gradiente del suelo oceánico desde la plataforma continental hasta el fondo del océano.

Los sistemas de alerta de tsunami convencionales se basan en estimaciones de la ubicación del epicentro del terremoto, su profundidad y su magnitud para determinar si se puede generar un tsunami de grandes proporciones. Sin embargo, la historia ha demostrado que la magnitud de un terremoto no es un indicador fiable del tamaño de un tsunami.
Los modelos previos de tsunamis asumen que la potencia de un tsunami viene dada por la cantidad de desplazamiento vertical del fondo submarino. La teoría de Song muestra que los movimientos horizontales de un talud continental inestable también contribuyen a la potencia del tsunami, mediante la transferencia de energía cinética al océano.

La teoría se apoya además en una reciente publicación de Song, de la que es coautor Shin-Chan Han, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, basada en datos recopilados por los satélites germano-norteamericanos GRACE (Aerospace Center Gravity Recovery and Climate Experiment) tras el tsunami de 2004 en el Océano Índico.

Cuando se produjo el terremoto del 27 de febrero, los movimientos del terreno fueron captados por la estación de la red GDGPS de la NASA ubicada en Santiago de Chile, a unas 146 millas del epicentro del terremoto. Estos datos estuvieron disponibles para Song en muy pocos minutos, permitiéndole calcular los movimientos del fondo submarino.

Basándose en estos datos del GPS, Song calculó la energía de la fuente del tsunami, clasificándolo como moderado: 4.8 en una escala sobre 10, en la que los valores más altos son los más destructivos. Su conclusión se basó en el hecho de que los movimientos del terreno detectados por el GPS indicaron una escasa transferencia de energía cinética al océano.

“Fuimos afortunados de tener una estación suficientemente próxima al epicentro”, declaró Yoaz Bar-Sever, gestor de la red GDGPS. “Se precisa una extensa colaboración internacional para densificar la red de seguimiento por GPS, de forma que cubra adecuadamente todas las zonas de riesgo en las que puedan producirse grandes terremotos”.